Cuando ‘Bird’ empezó a tocar esa noche, como era habitual, la magia de su música automáticamente lo absolvió de todos sus pecados. En sus presentaciones no importaba si empeñaba su ropa para comprar heroína, si no asistía a muchos de sus shows o si permitía que las putas se lo mamaran en frente de sus amigos. Lo mismo sucedió con Miles Davis tiempo después que se la pasó de parranda, pero con su trompeta se encargó de pilotear a su antojo el buque sonoro de la historia del jazz.
En fin, para que quede muy claro lo que aquí se habló, así no parezca, en la buena música muy poco importa cómo son las personas.
JAZZ JOB, JORGE ESTEBAN BENAVIDES. EN HOJA BLANCA.NET.